5 razones por las que los gobiernos ya no crean progreso
Durante años, hemos esperado que los gobiernos —con recursos, estructura y legitimidad— fuesen catalizadores del progreso. Pero hoy los vemos estancados: burocracias inertes, decisiones centralizadas y una brecha creciente entre lo público y el ciudadano.
Rubén Aguíñiga
7/13/20253 min read


🧭 Reflexiones iniciales
Durante años, hemos esperado que los gobiernos —con recursos, estructura y legitimidad— fuesen catalizadores del progreso. Pero hoy los vemos estancados: burocracias inertes, decisiones centralizadas y una brecha creciente entre lo público y el ciudadano.
¿Qué está pasando? ¿Por qué esas promesas de transformación rara vez se concretan?
📉 Datos que alarman
1. Déficit fiscal y recursos limitados: En 2022, México tuvo un déficit del 4.3 % del PIB, por encima del promedio regional (3.4 %). Con ingresos equivalentes al 24.2 % del PIB —muy por debajo del 39.7 % de la OCDE—, no hay capacidad financiera para políticas públicas transformadoras.
2. Aprobación y desconfianza ciudadana: Aunque la confianza en el gobierno federal (54 %) y en el servicio civil (55 %) está por encima del promedio de la OCDE , la participación electoral es baja: apenas 12–13 % en elecciones judiciales de 2025, la más baja en 30 años. Esto revela una desconexión profunda entre ciudadanos y gobierno.
3. Corrupción estructural: Se estima que la corrupción representa hasta 15 % del PIB, y persistente en compras públicas y trámites cotidianos. Solo 27 % de los mexicanos cree que un empleado público rechazaría un soborno (OECD)
4. Burocracia rígida: Evaluaciones de la OECD colocan a México con un puntaje de 3.2/4 en transparencia regulatoria, pero alertan sobre la falta de continuidad institucional y profesionalización en servicios públicos.
5. Digitalización sin inclusión: Aunque el país avanza en gobierno abierto y datos públicos , persiste una brecha digital notable entre regiones sur y norte. Las innovaciones solo llegan a quienes tienen acceso.
🧩 Las 5 razones explicadas
1. Falta de recursos suficientes. El gobierno mexicano recauda poco en comparación con otros países de la OCDE. Con ingresos que apenas representan el 24.2 % del PIB —muy por debajo del promedio de 39.7 %—, se vuelve insostenible pensar en políticas públicas transformadoras a gran escala. Esto limita severamente la inversión en infraestructura, salud, educación y otros sectores clave para el desarrollo.
2. Poca participación ciudadana. Aunque algunas encuestas muestran niveles aceptables de confianza hacia las instituciones, la participación real es baja. Las votaciones judiciales de 2025, por ejemplo, tuvieron una participación menor al 13 %, la más baja en tres décadas. Esta falta de involucramiento ciudadano provoca que muchas políticas públicas carezcan de legitimidad social, seguimiento comunitario y apropiación colectiva.
3. Corrupción latente. La corrupción sigue siendo estructural. Se estima que puede representar hasta el 15 % del PIB, afectando especialmente las compras públicas, los procesos de contratación y los trámites cotidianos. Esta práctica reduce la calidad del gasto, inhibe la inversión y erosiona la confianza social en el aparato gubernamental.
4. Instituciones débiles. A pesar de tener avances en transparencia regulatoria, el problema persiste en la falta de continuidad institucional. Cambios frecuentes en los equipos, dependencia del ciclo electoral y la baja profesionalización del servicio público generan ineficiencia y falta de visión a largo plazo. Es decir, las buenas ideas no trascienden a nuevas administraciones, y eso frena el progreso.
5. Innovación excluyente. La digitalización avanza, sí, pero no llega a todos por igual. Las brechas tecnológicas entre regiones del norte y sur del país —o incluso entre zonas urbanas y rurales— provocan que muchas de las mejoras en procesos o servicios públicos no sean accesibles para millones de personas. La innovación, cuando no es inclusiva, tiende a reforzar desigualdades en lugar de reducirlas.
🔭 Un horizonte para el futuro
El camino hacia un gobierno que sí genere progreso pasa por:
Reforma fiscal inteligente: elevar ingresos públicos con justicia y transparencia.
Participación real: incentivar mecanismos directos (presupuestos, consultas con representatividad superior al 10 %) .
Anticorrupción efectiva: sanciones proporcionales, procuración independiente y compras públicas transparentes .
Profesionalización y continuidad: fortalecer el servicio civil y desconectar altos cargos de ciclos electorales .
Inclusión digital: cerrar brechas entre estados, asegurar acceso y capacitación .
❓ Reflexión final
Los gobiernos pueden tener todos los recursos, estructuras y buena intención... pero sin ciudadanía activa, sin instituciones creíbles y sin inclusión digital, no avanzan. ¿Cómo generar un círculo virtuoso donde la participación y vigilancia ciudadana sirvan de motor para gobiernos efectivos y progresistas?
Te invito a que compartas tus ideas: 💬 ¿Qué rol puede jugar la sociedad y la empresa privada para impulsar ese cambio? 💬 ¿Qué ejemplos de éxito local conoces? Esperaré tus insights con mucho interés.
